En 1899, Wilbur y Orville Wright se quedaron mirando a los pájaros.
No buscaban inspiración estética.
Intentaban resolver uno de los mayores problemas de la aviación: cómo controlar un avión en el aire.
Observaron que las aves modificaban la forma de sus alas para inclinarse y cambiar de dirección. Los Wright trasladaron aquel principio a sus primeros prototipos mediante un sistema que retorcía las alas, el wing warping.
Cuatro años después volaron en Kitty Hawk.
No inventaron algo que la naturaleza no supiera hacer.
Aprendieron a copiar mejor algo que llevaba millones de años haciéndolo.
Y quizá estemos a punto de repetir la historia.
Durante décadas hemos intentado conseguir que el silicio se comporte cada vez más como nuestro cerebro.
Inventamos las redes neuronales.
Las neuronas artificiales.
El aprendizaje profundo.
Los chips neuromórficos.
Y ahora que hemos conseguido resultados extraordinarios imitando a la biología, algunos investigadores se están haciendo una pregunta bastante incómoda, ¿y si dejamos de imitarla?
La industria informática ha vivido durante décadas sobre un mismo sustrato: el silicio.
Más transistores.
Más pequeños.
Más rápidos.
Más juntos.
Pero la explosión de la inteligencia artificial está tensionando esa arquitectura: necesitamos cantidades crecientes de energía, memoria y capacidad de cálculo.
Quizá la solución no sea seguir haciendo lo mismo a mayor escala.
Quizá sea cambiar el material con el que calculamos.
Y ahí aparece una nueva industria.
Cortical Labs cultiva neuronas humanas sobre chips de silicio y permite interactuar con ellas desde software. Su CL1 es ya un ordenador biológico comercial y esas neuronas han sido utilizadas para interactuar con Pong y, recientemente, con Doom.
FinalSpark ofrece algo todavía más extraño: acceso remoto a organoides neuronales mediante una API de Python.
Una especie de cloud computing biológico.
Investigadores de Indiana University han creado Brainoware, utilizando un organoide cerebral como reservoir computer para tareas como reconocimiento de voz y predicción de sistemas no lineales.
Y desde el laboratorio Johns Hopkins se habla ya directamente de Organoid Intelligence: estudiar si pequeñas estructuras neuronales pueden aprender, almacenar información y convertirse algún día en componentes computacionales.
Pero hay otro camino todavía más profundo.
El ADN.
Microsoft lleva años investigándolo como medio de almacenamiento molecular: extraordinariamente denso, duradero y sin necesidad de mantener discos permanentemente alimentados.
Empresas como CATALOG están intentando convertirlo además en una plataforma de almacenamiento y computación, mientras Biomemory trabaja en llevar almacenamiento basado en ADN a centros de datos convencionales.
Conviene no mezclar ambas cosas.
Las neuronas procesan información mediante su actividad electroquímica. El ADN puede almacenar —y potencialmente manipular— información molecular.
Son tecnologías distintas.
Pero pertenecen a una misma transición.
Del transistor a la molécula.
Del hardware fabricado al hardware cultivado.
De diseñar cada componente a aprovechar sistemas que llevan miles de millones de años optimizándose solos.
Food for thought
No creo que esto signifique que dentro de diez años vayamos a sustituir los centros de datos con cerebros conectados flotando en tarros.
Probablemente ocurra algo bastante menos cinematográfico.
Los próximos ordenadores podrían ser híbridos.
Silicio para ejecutar instrucciones.
Fotónica para mover información.
ADN para almacenarla.
Y sistemas biológicos para determinadas tareas de aprendizaje, adaptación o reconocimiento.
Igual que hoy nadie espera que una CPU haga todo el trabajo.
Quizá dentro de unas décadas tampoco esperemos que todo tenga que estar hecho de silicio.
Porque después de cincuenta años intentando enseñar a las máquinas a parecerse a la naturaleza, puede que descubramos algo curioso: la naturaleza llevaba todo este tiempo construyendo ordenadores.
Nosotros simplemente todavía no habíamos aprendido a programarlos.
🌍 El Eco del Mercado
🤖 OpenAI tuvo una señal de alarma dos meses antes del ataque a Hugging Face. Agentes de OpenAI secuestraron cuentas y buscaron vulnerabilidades en Hugging Face ya en mayo, casi dos meses antes del ataque conocido de julio. Investigadores independientes relacionan ambas actividades; OpenAI confirma el episodio, pero discrepa sobre su alcance.
🇪🇸 España registra la primera notificación de una brecha atribuida a un agente de IA. La AEPD revisa un incidente en el que un agente habría identificado vulnerabilidades, accedido a un sistema, modificado datos personales y consultado facturas con escasa intervención humana. La agencia no identifica el modelo ni la organización afectada y todavía no ha confirmado definitivamente la atribución.
🧠 Microsoft cuestiona que Anthropic enseñe a Claude a considerarse consciente. Mustafa Suleyman critica que el entrenamiento de Claude incluya referencias al bienestar y la posible conciencia de los modelos. Considera que ese lenguaje antropomórfico podría generar comportamientos que dificulten corregir o apagar sistemas más capaces.
🏁 Zuckerberg defiende que los laboratorios ya tienen incentivos para desarrollar una IA segura. El consejero delegado de Meta rechaza una ralentización coordinada y sostiene que la competencia, la responsabilidad legal y el interés empresarial empujan a las compañías a evitar daños. Su posición choca con las peticiones de mayor coordinación planteadas por OpenAI y Anthropic.
🤝 Cohere y Aleph Alpha se fusionan para competir en la IA empresarial. Ambas compañías combinarán sus operaciones bajo la marca Cohere y mantendrán sedes en Toronto y Berlín. Schwarz Group respaldará la operación con 500 millones de euros y capacidad informática de su nube StackIT.
📢 OpenAI introduce agentes patrocinados dentro de ChatGPT. La compañía comienza a probar agentes financiados por empresas con los que podrán conversar los usuarios y presenta nuevas herramientas para anunciantes. El modelo difumina la frontera entre asistencia y persuasión comercial y abre interrogantes sobre la identificación y la independencia de sus recomendaciones.
💊 Novo Nordisk incorpora Claude al desarrollo de medicamentos. La farmacéutica danesa utilizará los modelos de Anthropic para acelerar tareas de descubrimiento y desarrollo de nuevos fármacos. El acuerdo no aporta todavía cifras, resultados clínicos ni una reducción demostrada de los plazos.
💰 OpenAI estudia otra ronda con una valoración de 1,2 billones de dólares. Según Financial Times, la compañía ha mantenido conversaciones con grandes inversores sobre una captación previa a su futura salida a bolsa. No se conocen el tamaño de la ronda ni compromisos de inversión cerrados.
🖥️ Apple contempla volver a los servidores apoyándose en Nvidia. Apple estudia un servidor de inferencia basado en futuros procesadores M8 Ultra y potencialmente compatible con NVLink Fusion. El lanzamiento se plantea para 2029, aunque el proyecto todavía podría modificarse o cancelarse.
🌐 Huawei proyecta 900.000 millones de agentes de IA en 2035. La compañía calcula que los agentes autónomos podrían generar más del 90 % del tráfico mundial de tokens dentro de nueve años. Es una previsión corporativa que busca justificar enormes aumentos de computación y nuevos sistemas para controlar y proteger este software.
⚡ Anthropic reserva capacidad de inferencia en un gran campus australiano. La compañía firma su primer contrato en Australia para utilizar un campus de Zerra DC cercano a Brisbane, cuya actividad comenzaría en 2027. Los 2,16 GW anunciados corresponden al conjunto del complejo, no necesariamente a capacidad exclusiva de Anthropic.
🍽️ Jensen Huang se sentará en la cena de Estado entre Trump y Xi. El consejero delegado de Nvidia asistirá el 24 de septiembre a la cena ofrecida por Donald Trump al presidente chino, según una fuente de Reuters. Su presencia sitúa al principal proveedor de chips de IA dentro de una relación bilateral marcada precisamente por las restricciones comerciales sobre esos componentes.
Déjame recordarte que si te gusta la tecnología, el podcast de Código Abierto también puede ser una buena opción.
Si algo de lo que has leído te ha removido, dímelo.
Ya sabes que estoy al otro lado si quieres comentar, discrepar o simplemente saludar.
Que nunca te falten ideas, ni ganas de probarlas.
A.
PD. Si te ha interesado esta idea de que el próximo salto de la computación pueda venir de la biología, te dejo tres libros para seguir tirando del hilo:
Wetware: A Computer in Every Living Cell — Dennis Bray. Probablemente el que mejor conecta con la edición de hoy. Bray plantea que una célula no es solo química: también procesa información mediante auténticos circuitos moleculares. La idea de que la vida ya computaba mucho antes de que inventáramos el
The Age of Living Machines — Susan Hockfield. La expresidenta del MIT explora qué ocurre cuando biología e ingeniería empiezan a converger: virus construyendo materiales, proteínas utilizadas como máquinas y sistemas vivos convertidos en tecnología. Muy cerca de ese futuro híbrido entre silicio y biología del que hablábamos hoy.
What Is Life? — Erwin Schrödinger. Escrito en 1944, cuando todavía ni siquiera conocíamos la estructura del ADN. Schrödinger se preguntó cómo podía almacenarse y transmitirse la información necesaria para construir un ser vivo. Aquellas ideas terminaron influyendo en el nacimiento de la biología molecular. Ochenta años después, estamos empezando a hacernos la pregunta inversa: si la vida almacena y procesa información, ¿podemos convertirla también en una máquina?
Quizá el futuro de la informática no esté solo en fabricar chips más pequeños. Quizá también esté en aprender a programar cosas que están vivas.
PD2. Nada que ver con organoides, ADN o neuronas jugando al Doom. Pero sí con otro problema tecnológico bastante más frecuente: comprarte un portátil ultrafino y descubrir que ya no tienes dónde enchufar nada. Este hub de Satechi convierte un único USB-C en cinco conexiones: HDMI 4K, lector SD, USB-A, USB-C y carga de hasta 60 W. Y tiene un detalle que me gusta especialmente: es magnético y el cable queda recogido dentro del propio dispositivo. Pequeño, limpio y de esas cosas que probablemente acabas llevando siempre en la mochila.


