El error de imaginar la IA como una persona
Diario de Innovación #373
Durante años hemos hablado de la AGI como si estuviéramos esperando a alguien.
Un nuevo Einstein.
Un nuevo Von Neumann.
Un cerebro artificial encerrado en una máquina.
Pero quizá ese sea el error.
Quizá la inteligencia artificial general no se parezca tanto a una persona como a una infraestructura.
El paper From AGI to ASI, de Google DeepMind, plantea justo eso: si algún día alcanzamos una IA general a nivel humano, no hay demasiadas razones para pensar que el progreso se detendrá ahí.
Porque una inteligencia digital no escala como nosotros.
Un humano aprende despacio.
Olvida.
Duerme.
Se cansa.
Necesita años para especializarse.
Y comparte conocimiento a través de un canal estrecho: el lenguaje.
Una IA, en cambio, puede copiarse.
Acelerarse.
Ejecutarse en paralelo.
Compartir memoria.
Especializar versiones de sí misma.
Coordinar miles o millones de agentes.
Y participar en la mejora de la siguiente generación de sistemas.
Desde hace años hemos intentado responder a la siguiente pregunta: ¿Cuándo será la IA tan inteligente como una persona? Sin embargo, en los últimos meses parece haber cambiado, y parece que la academia está discutiendo ahora mismo, ¿qué ocurrirá cuando una inteligencia general puede multiplicarse?
Quizá la superinteligencia no llegue como un gran cerebro único.
Quizá llegue como una organización.
Como una red.
Como una economía de agentes.
Como una nueva forma de producir conocimiento, software, ciencia, decisiones y estrategia.
Eso no significa que la IA vaya a ser omnipotente.
Seguirá chocando con límites físicos, energéticos, económicos, regulatorios y sociales.
Pero no hace falta que sea Dios para cambiarlo todo.
Basta con que convierta parte del pensamiento en infraestructura.
Y quizá ese sea el verdadero salto.
No una máquina que piensa como una persona.
Sino un sistema que hace que la inteligencia deje de estar limitada por la escala humana.
🌍 El eco del mercado
🛑 Los modelos frontera ya entran en lógica de seguridad nacional. Anthropic ha bloqueado o limitado el acceso a Mythos y Fable 5 tras una orden del gobierno estadounidense por preocupaciones de seguridad nacional. El desencadenante: el posible bypass de protecciones en uno de sus modelos más avanzados.
La IA avanzada empieza a tratarse como tecnología sensible. No solo se regula por privacidad o copyright, sino por control geopolítico, acceso internacional y riesgo de uso dual.
🚀 Wall Street ya cotiza infraestructuras privadas como si fueran estados. SpaceX ha protagonizado una salida a bolsa histórica y el mercado la está leyendo como algo más que una empresa espacial: cohetes, satélites, IA, defensa, comunicaciones y poder privado concentrado.
📈 La OPV de SpaceX abre la puerta a OpenAI y Anthropic. El debut bursátil de SpaceX funciona como ensayo general para las grandes compañías de IA que también miran al mercado público. La pregunta ya no es si la IA genera ingresos, sino cuánto capital necesita para sostener su carrera de compute.
🛠️ Bezos no quiere otro chatbot: quiere automatizar la ingeniería pesada. Prometheus, la nueva apuesta de Jeff Bezos, busca construir un “ingeniero general artificial” capaz de ayudar a diseñar productos físicos: desde ordenadores hasta motores o fármacos.
💻 Codex quiere dejar de ser asistente y convertirse en entorno de trabajo. OpenAI prepara la compra de Ona para dar a Codex un entorno cloud donde ejecutar tareas largas de programación. El agente empieza a parecer menos una ayuda puntual y más una capa operativa para desarrollar software.
🧩 Microsoft entiende que el agente vale tanto como sus habilidades. SkillOpt permite mejorar las capacidades de agentes sin tocar los pesos del modelo. La lógica es clara: en empresa, el valor no está solo en el LLM, sino en las instrucciones, rutinas y habilidades que lo conectan con procesos reales.
Se abre una capa nueva de ventaja competitiva. No gana quien tenga solo el modelo más potente, sino quien mejor empaquete conocimiento operativo reutilizable.
📄 RAG entra en fase de eficiencia, no de demostración. PixelRAG promete mejorar la precisión frente a los parsers de texto y reducir hasta 10 veces los costes de tokens en agentes. La señal es clara: el problema empresarial ya no es solo meter documentos en un modelo, sino hacerlo sin destruir contexto ni disparar costes.
📱 Huawei quiere que el sistema operativo sea una red de agentes. HarmonyOS 7 llega con arquitectura “agent-friendly” y más de 2.000 agentes especializados. Huawei no está solo actualizando un sistema operativo: está intentando redefinir la interfaz móvil alrededor de intención, contexto y acción.
China está empujando una alternativa propia al modelo Apple-Google. Más que apps, agentes. Más que interfaz, ecosistema operativo soberano.
💡 China busca computar con luz para esquivar el bloqueo del silicio. China ha lanzado en Shanghái un laboratorio dedicado a chips de computación fotónica. El objetivo es claro: reducir dependencia de arquitecturas convencionales y sortear límites energéticos y restricciones estadounidenses.
🧠 China también quiere su Nvidia de mercado público. MetaX, diseñador chino de GPUs, prepara una salida a bolsa en Hong Kong para financiar su expansión en IA. No es solo una operación financiera: es parte del intento chino de construir una cadena local de aceleradores.
💧 La IA empieza a enseñar su factura de agua. Amazon ha revelado que sus centros de datos consumieron 2.500 millones de galones de agua el año pasado. La cifra llega en plena tensión por el impacto energético e hídrico de la nueva infraestructura de IA.
🕵️ Google descubre el reverso oscuro de dar IA a todo el mundo. Google ha demandado a una red china acusada de usar Gemini para crear cientos de webs falsas corporativas y gubernamentales. La IA no solo mejora la productividad legítima; también abarata y escala el fraude.
Déjame recordarte que si te gusta la tecnología, el podcast de Código Abierto también puede ser una buena opción.
Si algo de lo que has leído te ha removido, dímelo.
Ya sabes que estoy al otro lado si quieres comentar, discrepar o simplemente saludar.
Que nunca te falten ideas, ni ganas de probarlas.
A.
PD: Para seguir tirando del hilo, algunas lecturas que encajan muy bien con esta edición:
Superinteligencia, de Nick Bostrom. El clásico inevitable para entender los escenarios, riesgos y dilemas estratégicos de una inteligencia superior a la humana.
La Singularidad Está Más Cerca, de Ray Kurzweil. Más optimista y aceleracionista, útil para contrastar con una visión más prudente sobre la convergencia entre humanos, computación e inteligencia artificial.
The Atomic Human, de Neil D. Lawrence. Especialmente interesante para pensar por qué la inteligencia humana no es solo procesamiento, sino cuerpo, contexto, fricción y experiencia.
The Society of Mind, de Marvin Minsky. Un libro muy sugerente para pensar la inteligencia no como una unidad indivisible, sino como la coordinación de muchos procesos más pequeños.
Vida 3.0, de Max Tegmark. Una mirada amplia sobre inteligencia, agencia, objetivos y futuros posibles con sistemas artificiales avanzados.
Genesis, de Henry Kissinger, Eric Schmidt y Craig Mundie. Para mirar la IA desde una perspectiva civilizatoria, política e institucional.
PD2: Si el post de hoy va de inteligencia como infraestructura, quizá la pregunta doméstica sea más sencilla: ¿qué infraestructura tienes tú para pensar mejor?
Una pantalla portátil para convertir cualquier mesa en un pequeño centro de mando.
Un teclado mecánico cómodo para escribir más y pelearte menos con el portátil.
Un soporte ergonómico para el ordenador para que tu cuello no pague la factura de la revolución tecnológica.
Un temporizador físico tipo Pomodoro para recordar que pensar bien también necesita límites.
Un elevador de escritorio para alternar entre estar sentado y de pie mientras trabajas. Es el que llevo yo usando desde la post-pandemía.


