Déjame que hoy me ponga un poco abuelo Cebolleta.
Hace más de diez años me metí de lleno en el mundo de los centros de datos con la construcción del DC de Telefónica en Alcalá de Henares. Y allí me tocó enseñar y vender metros cuadrados de sala técnica como quien vende un piso en Alcobendas.
Solo que las visitas preguntaban por la potencia eléctrica, la refrigeración y qué pasaba si se iba la luz. O si una torment solar decidía aparecer sin aviso previo.
Enseñamos aquel centro de datos a miles de personas.
Miles.
No, no exagero.
Había días en los que aquello parecía EuroDisney. O Venecia. Un grupo entrando, otro saliendo y tú contando otra vez por qué aquel edificio era tan especial.
Si hubiéramos puesto una tienda de recuerdos a la salida, igual habríamos abierto otra línea de negocio.
Aquello me enseñó algo que recuerdo cada vez que escucho hablar de la nube: alguien tiene que vender los metros cuadrados donde va a vivir.
Y antes tiene que construirlos. Conseguir electricidad. Refrigerarlos. Llenarlos de equipos. Y encontrar clientes que paguen lo suficiente para que las cuentas salgan.
Me he acordado de aquellas visitas leyendo sobre la noticia de CoreWeave y Merlin Properties. Una empresa de infraestructura de IA y una inmobiliaria colaborando para alojar la nueva revolución tecnológica.
Otra vez el futuro necesitando metros cuadrados. Y un enchufe bastante gordo.
Esta es una de las cuestiones que abordamos en el episodio 101 de Código Abierto, Diego y un servidor. Casualmente nos toco vivir juntos esta experiencia, y aprendimos mucho. Entre otras cosas que podemos anunciar modelos, firmar contratos y prometer capacidad, pero después alguien tiene que terminar la obra y conseguir que llegue la electricidad.
La nube tiene dirección postal.
También tiene vencimientos.
Y ahí empieza lo interesante.
¿Y si una parte de la burbuja de la IA se estuviera construyendo con hormigón?
Para explicarlo, voy a ponerme todavía más Cebolleta.
Vámonos al siglo XIX.
Estados Unidos estaba construyendo la infraestructura que iba a transformar su economía: el ferrocarril.
Conectar ciudades. Transportar mercancías. Abrir mercados.
Todo aquello tenía sentido.
Tanto que se invirtió con un entusiasmo que, en muchos casos, iba bastante por delante de los ingresos.
En 1873, la caída de Jay Cooke, muy expuesto al negocio ferroviario, desencadenó un pánico financiero. Dos décadas después, otra crisis volvió a golpear al sector. La Reserva Federal cuenta aquí la historia.
El tren era el futuro.
Y muchos se arruinaron igualmente.
¿Qué pasó con las vías?
No desaparecieron al quebrar sus propietarios.
Buena parte de aquella infraestructura pasó por reorganizaciones, compras y fusiones. Compañías pequeñas y redes mayores terminaron integradas en sistemas más grandes.
Southern Railway, por ejemplo, nació en 1894 de la reorganización de una extensa red de ferrocarriles del sur. La infraestructura continuó transportando mercancías.
Muchos de quienes habían puesto el dinero se quedaron por el camino.
Una tecnología puede cambiar el mundo y ser una inversión desastrosa para quien paga demasiado por ella.
Ahora cambia las vías por centros de datos.
Puede faltar capacidad operativa hoy y, al mismo tiempo, estarse financiando más de la que será rentable mañana. Y es que las dos cosas caben en la misma frase.
Porque necesitar más inteligencia artificial no significa poder pagar cualquier precio por utilizarla. Y tener un cliente esperando tampoco significa poder facturarle si el centro sigue pendiente de una conexión eléctrica.
Merlin ofrece un ejemplo concreto: en sus resultados del primer semestre de 2026 explicaba que Barcelona y Bilbao-Arasur ya generaban flujo de caja completo, mientras Madrid-Getafe esperaba completar sus conexiones eléctricas.
El contrato puede estar firmado.
El enchufe lleva otro calendario.
Mientras tanto, hay obras que pagar, equipos que financiar y gente esperando cobrar.
Esto no demuestra que los centros de datos sean una burbuja. Sí explica dónde pueden empezar a fallar las cuentas.
Mi hipótesis es que, si las expectativas se pasan de frenada, veremos proyectos cancelados, deudas renegociadas y compras de instalaciones por empresas con más dinero para aguantar.
Parte de la infraestructura podría seguir siendo útil bajo otros propietarios y con un coste de adquisición menor.
Como ocurrió con los ferrocarriles.
Eso también tendría consecuencias sobre quién controla la capacidad informática: podríamos acabar con una infraestructura más concentrada en menos manos. Ahora bien, la comparación tiene un límite. Una GPU envejece mucho más deprisa que una vía.
El edificio, la conexión eléctrica y los equipos tienen vidas útiles distintas. Y una instalación pensada para unas necesidades concretas puede exigir otra inversión importante antes de servir a un nuevo cliente.
Así que tampoco vale tranquilizarse con eso de «por lo menos quedará la infraestructura».
Quedará algo.
Habrá que ver en qué condiciones, para quién y a qué coste.
Por eso, una oleada de quiebras tampoco demostraría por sí sola que la IA era humo.
Podría demostrar algo bastante más básico, que hemos confundido una necesidad real con un negocio rentable a cualquier precio.
Después de enseñar tantos metros cuadrados de sala técnica, hay una pregunta que me interesa más que el tamaño de la próxima inversión:
¿Quién va a pagar por usar todo esto, cuánto y a partir de cuándo?
Porque enseñar el edificio es una cosa.
Conseguir que salgan las cuentas es otra.
En la historia del ferrocarril, vimos que al final el tren llegó. La moraleja es que muchos de sus inversores nunca llegaron a recuperar su dinero.
🌍 El Eco del Mercado
🖥️ Los gigantes tecnológicos chinos encargan a Nvidia chips por más de 35.000 millones. ByteDance, Alibaba y Tencent han solicitado más de tres millones de GPU RTX Pro 5500, compatibles con los controles estadounidenses. Nvidia podría atender inicialmente apenas entre el 5 % y el 10 % de los pedidos.
💰 OpenAI acelera una ronda de 30.000 millones antes de la OPV de Anthropic. La operación podría valorar la compañía en más de 1,4 billones de dólares. OpenAI busca asegurarse capital para sus compromisos de infraestructura antes de que Anthropic empiece a competir por los mismos inversores en el mercado bursátil.
⚡ ABB cae pese al auge de sus pedidos para centros de datos. La compañía ha elevado su previsión de ventas y registrado una demanda récord de equipamiento eléctrico, pero sus acciones retrocedieron alrededor de un 6 %. El mercado empieza a cuestionar si los clientes podrán financiar toda la infraestructura comprometida.
☁️ OVHcloud tiene disponible casi la mitad de su capacidad. El proveedor europeo dispone de 110 MW preparados para nuevos clientes sobre un total conectado de 250 MW. También prevé lanzar su primer modelo propio de IA a comienzos de 2027.
📊 Meta afronta el examen de convertir su inversión en IA en uso real. Las estimaciones apuntan a que habría duplicado con creces su inversión trimestral, hasta unos 41.680 millones de dólares. Sus próximos resultados deberán mostrar si la adopción de Muse y las mejoras publicitarias empiezan a justificar ese desembolso.
🌩️ Una caída de Google Cloud afecta a bancos y servicios públicos británicos. Un problema eléctrico en su región de Londres interrumpió durante varias horas servicios de Revolut y sitios relacionados con NHS England, Royal Mail, Lloyds y HSBC. El incidente vuelve a mostrar el riesgo de concentrar infraestructuras críticas en unos pocos proveedores.
🇨🇳 China protesta por la prohibición estadounidense de DeepSeek. Pekín reclama que Washington revoque la exclusión del modelo de los sistemas gubernamentales y amenaza con responder. La autorización de una herramienta de IA empieza a convertirse también en un asunto diplomático.
🌍 Google sostiene que Europa no debe temer su dependencia tecnológica. Kent Walker, responsable jurídico de Alphabet, argumenta que la competencia entre proveedores está reduciendo rápidamente los precios y recomienda priorizar la adopción. La existencia de varios proveedores extranjeros, sin embargo, abarata la dependencia sin eliminarla.
🧠 Salesforce compra Braze por 5.660 millones de dólares. Braze utiliza IA para personalizar el contenido, el canal y el momento de cada comunicación comercial. Salesforce refuerza así su plataforma antes de que los agentes reduzcan el valor del software empresarial tradicional.
🛡️ Blackwall cuadruplica su valoración protegiendo las webs de los agentes. La empresa estonia capta 100 millones de dólares y alcanza una valoración de 2.200 millones. Su tecnología distingue agentes legítimos, rastreadores y bots maliciosos mediante sus huellas técnicas y su comportamiento.
🧩 DXC negocia vender su negocio de software de seguros por 2.400 millones. La consultora mantiene conversaciones avanzadas con Eldridge Industries para combinar la división con Zinnia. La operación convertiría un negocio maduro de software vertical en una nueva plataforma de consolidación.
Déjame recordarte que si te gusta la tecnología, el podcast de Código Abierto también puede ser una buena opción.
Si algo de lo que has leído te ha removido, dímelo.
Ya sabes que estoy al otro lado si quieres comentar, discrepar o simplemente saludar.
Que nunca te falten ideas, ni ganas de probarlas.
A.
PD1. Si quieres seguir tirando del hilo, estos tres libros encajan muy bien con la historia de hoy:
Railroaded, de Richard White. Ferrocarriles, dinero, política y quiebras en la construcción de las grandes líneas norteamericanas. Para profundizar en cómo una infraestructura transformadora pudo convivir con negocios ruinosos. Está en inglés.
Revoluciones tecnológicas y capital financiero, de Carlota Pérez. Para entender la relación entre las grandes oleadas tecnológicas, el entusiasmo financiero y las burbujas. Es el que mejor conecta las vías de entonces con los centros de datos de ahora.
Engines That Move Markets, de Alasdair Nairn. Recorre dos siglos de innovaciones y su efecto sobre los mercados y los inversores. Muy pertinente para la idea central de esta edición: acertar con la tecnología no garantiza ganar dinero con ella.
PD2. Si algo eché de menos enseñando el DC de Alcalá fue una THE NORTH FACE M ANTORA JACKET. Después de subir a la cubierta y recorrer salas y pasillos con las visitas, acababas entendiendo la refrigeración del edificio de una forma bastante personal.


