En 1991, un estudiante finlandés de 21 años llamado Linus Torvalds publicó un mensaje en un grupo de noticias.
Estaba trabajando en un sistema operativo.
Lo hacía, según sus propias palabras, como un hobby.
Nada grande.
Nada profesional.
Treinta y cinco años después, aquel hobby llamado Linux está en servidores, supercomputadores, coches, televisores, routers, móviles y buena parte de la infraestructura que sostiene Internet.
Y hay algo especialmente interesante ahora que en Europa hablamos tanto de soberanía tecnológica.
Linux nació en Europa.
Pero no es finlandés.
Ni europeo.
Ni estadounidense.
No pertenece a nadie.
Y precisamente por eso pertenece, de alguna manera, a todos.
Últimamente tengo la sensación de que cuando hablamos de soberanía tecnológica cometemos un pequeño error.
Pensamos inmediatamente en fabricar nuestro cloud.
Nuestro modelo de inteligencia artificial.
Nuestros chips.
Nuestro Google.
Nuestro Microsoft.
Nuestro OpenAI.
Es comprensible.
Pero quizá exista otro camino.
Porque soberanía no significa necesariamente hacerlo todo tú.
Significa algo bastante más interesante:
poder decidir sin tener que pedir permiso.
Y Linux es probablemente uno de los mejores ejemplos que tenemos.
Lo curioso es que no es el único.
También tenemos otras aproximaciones como la de RISC-V.
Aquí la historia cambia ligeramente.
RISC-V no nació en Europa, sino en Berkeley.
Pero su arquitectura abierta permite diseñar procesadores sin depender de una arquitectura propietaria concreta.
Y Europa está intentando aprovechar precisamente esa posibilidad para desarrollar capacidad propia en procesadores. La European Processor Initiative, por ejemplo, acaba de cerrar una de sus etapas mostrando silicio europeo como Rhea1.
Quizá llevemos años confundiendo soberanía con propiedad.
No necesito fabricar cada tornillo de mi coche para tener libertad para conducirlo.
Pero sí necesito las llaves.
Necesito poder repararlo.
Necesito alternativas.
Y necesito evitar que alguien situado a miles de kilómetros pueda decidir unilateralmente que mañana deja de funcionar.
En tecnología ocurre algo parecido.
La soberanía no consiste en no depender de nadie. Eso es prácticamente imposible en un mundo interconectado.
Consiste en evitar depender completamente de alguien.
Y aquí aparece la parte menos atractiva de todo esto.
Porque crear el próximo Linux queda fenomenal en una presentación.
Mantener durante veinte años una librería criptográfica que utilizan miles de sistemas no tanto.
Financiar desarrolladores.
Revisar código.
Corregir vulnerabilidades.
Mantener repositorios.
Definir estándares.
Crear documentación.
Comprar tecnología abierta desde las administraciones.
Eso no suele producir grandes titulares.
Pero quizá sea exactamente lo que necesitamos.
De hecho, la Comisión Europea acaba de colocar el código abierto dentro de su paquete de soberanía tecnológica de 2026: quiere ampliar alternativas open source en áreas prioritarias, invertir en capacidades, startups e infraestructura digital y aumentar su utilización en las administraciones públicas.
Y creo que ahí hay una idea mucho más grande de lo que parece.
Europa quizá nunca construya otro Google.
Puede que tampoco necesite hacerlo.
Tal vez su ventaja pueda estar en construir y proteger bienes comunes digitales.
Infraestructuras que puedan utilizar empresas.
Gobiernos.
Universidades.
Startups.
Y ciudadanos.
Sin que ninguna organización tenga permanentemente la mano sobre el interruptor.
Linux empezó siendo el hobby de un estudiante finlandés.
Hoy sería difícil imaginar el mundo digital sin él.
Quizá la próxima gran infraestructura soberana europea tampoco tenga que tener dueño.
Y quizá esa sea precisamente su mayor fortaleza.
🌍 El Eco del Mercado
🇺🇸 Trump rechaza nuevas reglas para la IA, pero amenaza con intervenir. Donald Trump asegura que no frenará una tecnología que considera mayor que la Revolución Industrial, pero afirma que el Departamento de Justicia vigilará a las compañías y actuará si fuera necesario. Washington apuesta por acelerar sin reglas nuevas, reservándose una intervención posterior todavía sin criterios definidos.
🌐 Los grandes laboratorios llevan el riesgo de la IA al Consejo de Seguridad. Sam Altman, Dario Amodei y Clément Delangue comparecerán ante el Consejo de Seguridad de la ONU para abordar el impacto de sistemas cada vez más autónomos. OpenAI defenderá referencias comunes para medir capacidades y salvaguardas, aunque la sesión no producirá obligaciones vinculantes.
🧠 Anthropic presenta un Claude más barato y, según la compañía, más seguro. Claude Opus 5.5 cuesta un 20 % menos que su predecesor y ofrece, según Anthropic, un rendimiento comparable a su modelo más avanzado utilizando menos recursos. La empresa también comunica una reducción del 85 % en los intentos de eludir la contención durante una prueba específica, un resultado que no equivale a una garantía general de seguridad.
🧒 Un nuevo instituto quiere someter la IA infantil a “pruebas de choque”. Tom Siegel, fundador del equipo de confianza y seguridad de Google, dirigirá el Youth AI Safety Institute de Common Sense Media. La organización desarrollará evaluaciones independientes sobre los efectos de los asistentes en niños y adolescentes, aunque deberá demostrar su autonomía frente a financiadores como Anthropic y la OpenAI Foundation.
☎️ Meta ocultó personas detrás de algunas llamadas de su agente Muse. Contratistas humanos gestionaron discretamente algunas llamadas que los usuarios encargaban al asistente para reservar citas o solicitar presupuestos. Meta retiró temporalmente la función después de que empleados cuestionaran la privacidad y la falta de transparencia del sistema.
🩺 Anthropic y OpenEvidence llevan asistencia clínica con IA a cien países. OpenEvidence ofrecerá gratuitamente a profesionales sanitarios de países de renta baja y media una versión de su herramienta basada en Claude y alimentada con investigación y guías terapéuticas. El reto será comprobar que sus respuestas reflejan los recursos, enfermedades y prácticas clínicas de cada territorio.
🛒 Amazon entrega un agente permanente a sus vendedores. Los nuevos “workflows” podrán vigilar continuamente precios, inventario, promociones y cambios en las valoraciones de vendedores externos. El servicio será opcional y gratuito, pero profundiza la dependencia de los comerciantes respecto a la plataforma que controla tanto el mercado como buena parte de sus datos.
🕵️ ShinyHunters afirma haber robado datos de agentes y candidatos del FBI. El grupo de extorsión asegura haber comprometido el portal de empleo de la agencia y obtenido información personal de empleados y aspirantes. El FBI investiga actividad no autorizada y Reuters examinó una muestra aparentemente sensible, pero no pudo verificar la magnitud total reclamada por los atacantes.
⚛️ Microsoft entrega a DARPA acceso físico a su ordenador cuántico. Un nuevo centro permitirá a la agencia estadounidense instalar, arrancar y evaluar directamente un sistema basado en el chip Majorana 2. DARPA quiere determinar si alguna arquitectura cuántica puede ofrecer antes de 2033 un valor computacional superior a su coste.
🇩🇪🇳🇱 Alemania y Países Bajos unen fuerzas para diseñar chips de IA. Sus agencias de innovación estratégica invertirán 40 millones de euros durante veinte meses en pequeños equipos dedicados a nuevas arquitecturas de semiconductores. El programa busca reducir la dependencia europea, aunque trasladar un diseño experimental hasta la fabricación industrial exigirá mucho más capital.
📡 Grecia propone financiar tecnología europea con las futuras subastas de 6G. Atenas plantea crear una Unión Europea del Espectro y dedicar parte de los ingresos nacionales por frecuencias a inversiones tecnológicas comunitarias. El plan estima provisionalmente entre 12.000 y 15.000 millones de euros, pero necesita el acuerdo de los 27 Estados miembros.
🏭 CanSemi busca casi 920 millones para ampliar su producción de obleas. El fabricante chino fija las condiciones de su salida a bolsa en Shenzhen, respaldada por inversores estratégicos como Alibaba Cloud. Destinará los fondos a producir obleas de doce pulgadas y financiar circulante, reforzando la capacidad fabril china sin eliminar su dependencia de equipos y procesos extranjeros avanzados.
Déjame recordarte que si te gusta la tecnología, el podcast de Código Abierto también puede ser una buena opción.
Si algo de lo que has leído te ha removido, dímelo. Ya sabes que estoy al otro lado si quieres comentar, discrepar o simplemente saludar.
Que nunca te falten ideas, ni ganas de probarlas.
A.
PD. Tres libros para seguir tirando del hilo 📚
The Cathedral & the Bazaar — Eric S. Raymond. Probablemente el clásico para entender por qué comunidades distribuidas de desarrolladores pueden construir sistemas extraordinariamente complejos. La metáfora es magnífica: frente a la catedral, construida desde arriba siguiendo un gran plan, el bazar, aparentemente caótico, donde miles de personas colaboran.
Working in Public — Nadia Eghbal. Para mí, el complemento perfecto. Porque detrás de eso que llamamos open source no hay una nube mágica de programadores trabajando gratis. Hay personas, incentivos, comunidades, agotamiento, dinero y problemas de gobernanza. Y si queremos que el código abierto sea infraestructura estratégica, tendremos que aprender a financiarlo y cuidarlo.
The Success of Open Source — Steven Weber. Va un nivel más abajo: intenta explicar por qué funciona económicamente algo aparentemente contradictorio. Personas y organizaciones colaborando para construir un activo que después cualquiera puede utilizar.
Los tres dejan una pregunta bastante incómoda.
Si una parte creciente de nuestra soberanía depende de software que consideramos un bien común… ¿quién debería pagar por mantener ese bien común?
PD2. Y hablando de soberanía… 🔦 Todo esto de la soberanía está muy bien.
Hasta que llega Filomena. O un apagón. O se cae Internet. O descubres que el 3 % de batería que te queda en el móvil quizá no sea suficiente para mantener la civilización occidental. Así que hoy la recomendación va de soberanía, pero de la doméstica.
Un kit de supervivencia de 72 horas para tener en casa ante apagones, temporales o cualquier otro momento en el que la tecnología decida tomarse el día libre.
Porque igual que Europa debería preguntarse qué ocurre si deja de tener acceso a determinadas tecnologías… nosotros deberíamos preguntarnos qué ocurre si deja de funcionar el enchufe.


