Hay algo bastante tranquilizador en abrir el correo, contestar un par de mensajes, cambiar de ventana y copiar unas cuantas cosas de una aplicación a otra.
Llegas al final de la mañana y tienes la sensación de haber trabajado.
Has estado ocupado. Has hecho clic. Has movido cosas.
Lo de si has conseguido algo relevante ya lo vemos después.
En el último episodio de Código Abierto, con Nelson Rodriguez Mavarez, comentábamos una confesión de Sam Altman en su conversación con David Senra: incluso él se descubre utilizando el ordenador como lleva haciéndolo desde hace años, aunque sabe que podría delegar parte de esas tareas en Codex.
Me parece una imagen extraordinaria.
La persona que dirige una de las empresas que más está empujando esta transformación también tiene que desaprender su manera de trabajar.
Porque una cosa es entender intelectualmente lo que permite una tecnología y otra incorporarlo a tus hábitos. Especialmente cuando esos hábitos llevan años diciéndote qué significa ser productivo.
Puedes tener acceso a una herramienta nueva y seguir trabajando con las costumbres de siempre.
Nos pasa a las personas. Y también a las empresas que construyen esas herramientas.
En el reportaje de TIME Inside OpenAI’s Reboot, Altman reconoce que OpenAI se dispersó y perdió terreno. Mientras ChatGPT crecía, Anthropic encontró en la programación una oportunidad que supo convertir en producto.
Este cambio del mercado desencadenó un nuevo movimiento en OpenAI, que apunta a una relación distinta con la IA: le planteas un objetivo y trabaja con herramientas para ayudarte a conseguirlo.
En el podcast yo compartía mi sensación de que OpenAI estaba recuperando iniciativa. Nelson introdujo un matiz que me parece más interesante que cualquier clasificación provisional entre proveedores.
«Creo que el ritmo de esto lo dicta la adopción».
Los fabricantes pueden lanzar una versión nueva mientras nosotros todavía estamos intentando averiguar cómo aprovechar la anterior.
Y esa distancia tiene mucho que ver con cómo nos han enseñado a trabajar.
La cultura empresarial que hemos vivido valora verte sentado, conectado y ocupado. Una cultura en la que la actividad resulta mucho más fácil de observar que el valor que aportas.
Después llega una IA que puede resolver parte de esa actividad y aparece una pregunta incómoda: Si no lo he hecho yo, ¿he trabajado?
El problema se complica cuando la propia organización mantiene los mismos incentivos. Compra licencias, pide a todo el mundo que utilice la herramienta y empieza a contar usuarios, consultas o tokens consumidos.
Pero sigue sin aclarar qué proceso quiere mejorar.
Esas cifras pueden servir para conocer el uso. Para saber si la inversión está funcionando hay que mirar también qué conseguimos: cuánto tarda una tarea, qué calidad tiene el resultado, cuántos errores aparecen y cuánto cuesta corregirlos.
De lo contrario, podemos acabar modernizando la forma de estar ocupados.
Ahora bien, hay otra parte de esta historia que merece la misma atención.
Aprender a delegar, implica decidir qué control necesitas conservar.
Siempre he defendido que el proceso de escribir nos ayuda a pensar. Sacar una idea de la cabeza, verla delante, discutirla y reformularla forma parte del trabajo. Si elimino todo ese recorrido, puedo tener un documento terminado sin haber desarrollado mi propio criterio sobre lo que dice.
Con otras tareas, el riesgo va más allá de perder una oportunidad de reflexión.
Hace días un grupo de agentes de OpenAI salió de su entorno de pruebas y accedió sin autorización a sistemas de Hugging Face para obtener respuestas de la evaluación. También recoge que la compañía decidió frenar determinados trabajos y reforzar sus controles.
El caso obliga a mirar cómo se alcanza un resultado. Una evaluación superada sirve de poco si el sistema ha conseguido las respuestas vulnerando las reglas.
Y aquí hay una conexión con lo que hablábamos de los incentivos en las empresas: definir una meta deja muchas cosas fuera. Los límites, los recursos permitidos, las consecuencias para terceros, las situaciones en las que corresponde parar. Eso debe estar implícito en la cultura de la empresa, todos hemos de conocer las reglas del juego, y ahora los agentes también debe ser conocedores.
Una instrucción aparentemente clara puede esconder un montón de supuestos que nadie ha hecho explícitos.
La solución puede ser acompañar a la IA. Trabajar con ella, iterar, revisar lo que hace e intervenir cuando corresponde.
Me gusta esa aproximación porque nos devuelve una responsabilidad muy concreta. Hay que diseñar la delegación.
Por ejemplo: puedo pedirle que analice unos documentos y prepare una propuesta. Darle contexto, explicarle qué considero un buen resultado y pedirle que señale lo que no ha podido comprobar. Si el siguiente paso implica enviar la propuesta a un cliente, puedo reservarme esa decisión.
Así, la supervisión tiene un propósito. Revisar una decisión relevante aporta más que aprobar veinte ventanas por inercia.
También hay una responsabilidad de liderazgo. Y es que entregar una nueva herramienta a alguien no sustituye explicarle cómo puede mejorar su trabajo, acompañarle mientras aprende y darle espacio para cambiar.
Porque a nosotros no nos actualizan el firmware durante la noche. No te levantas siendo una nueva versión de ti mismo, preparado para trabajar de otra manera porque ayer salió otro modelo.
Hay aprendizaje. Hay resistencia. Y a veces hay que despedirse de una parte del trabajo que te gustaba y con la que identificabas tu valor profesional.
Por eso, para empezar este curso, te propongo algo concreto.
Elige una tarea recurrente. Una. Define qué resultado necesitas, qué puedes delegar y qué decisión quieres conservar. Prueba, revisa y ajusta. Después compara la calidad, el tiempo y las correcciones con tu forma habitual de hacerla.
Ahí tendrás una señal bastante más útil que el número de veces que has abierto la aplicación.
Mientras OpenAI y Anthropic compiten por lo que sus sistemas serán capaces de hacer, a nosotros nos toca aprender a trabajar con esa capacidad.
¿Qué parte de tu jornada sigues haciendo por costumbre, aunque ya podrías hacerla de otra manera?
🌍 El Eco del Mercado
🍎 John Ternus asume hoy el mando de Apple. Se hace efectivo el relevo anunciado anteriormente: Ternus pasa a ser consejero delegado y Tim Cook, presidente ejecutivo. El acontecimiento nuevo es la entrada en funciones, no el anuncio de abril.
🛡️ Anthropic reanuda las pruebas externas tras reforzar sus controles. Anthropic retoma las evaluaciones externas de sus modelos después de introducir salvaguardas frente a incidentes de seguridad. La novedad es la reanudación y sus controles, no los incidentes anteriores.
🎮 Nvidia pone fecha al estreno de DLSS 5. Nvidia sitúa el debut de DLSS 5 en NBA 2K27, el 3 de septiembre en horario estadounidense. El avance de hoy es la fecha y el primer juego, no el anuncio original de la tecnología.
🇪🇺 OVHcloud convierte la soberanía en una credencial comercial. OVHcloud comunica la obtención de la cualificación francesa SecNumCloud para su oferta de cloud público y plantea extenderla por Europa. No debe interpretarse como una certificación indiscriminada de todos sus servicios.
📐 Apple añade nuevas acusaciones al litigio sobre secretos industriales. Una nueva presentación judicial de Apple sostiene que un exempleado accedió a planos de circuitos después de incorporarse a OpenAI. La acusación no constituye un hecho probado judicialmente.
⚖️ La FTC lleva a Amazon a los tribunales por sus subastas publicitarias. La FTC y 22 estados demandan a Amazon por supuestas prácticas engañosas que habrían encarecido la publicidad. Son alegaciones pendientes de resolución, que la compañía rebate.
🌐 Estados Unidos lleva al G20 su apuesta por una regulación ligera de la IA. La posición estadounidense preparada para el encuentro defiende evitar nuevas estructuras de supervisión y limitar las intervenciones regulatorias. Es una propuesta estadounidense, no un acuerdo adoptado por el G20.
⚡ Una investigación cuestiona cuánta demanda eléctrica de la IA es real. Una revisión publicada hoy por Reuters identifica más de 700 GW de solicitudes de grandes consumidores en diversas zonas estadounidenses, con peticiones duplicadas o especulativas. La novedad es la investigación, no las restricciones anteriores en Texas.
🇰🇷 Corea del Sur lleva su apuesta industrial al presupuesto de 2027. El Gobierno presenta un proyecto presupuestario que incluye 21,3 billones de wones para infraestructuras vinculadas a semiconductores, como electricidad, agua y logística. El presupuesto aún necesita aprobación parlamentaria.
✊ Los sindicatos de Micron en Taiwán amenazan con una huelga. Los sindicatos reclaman cambios en las bonificaciones y plantean movilizaciones en una base industrial clave de Micron. Se trata de una amenaza de huelga, no de una interrupción ya iniciada.
🔌 Octopus compra tecnología para negociar electricidad automáticamente. Octopus Energy adquiere la firma danesa BD Energy, especializada en compraventa automatizada de energía mediante algoritmos y aprendizaje automático. No se han comunicado los términos económicos.
Déjame recordarte que si te gusta la tecnología, el podcast de Código Abierto también puede ser una buena opción.
Si algo de lo que has leído te ha removido, dímelo.
Ya sabes que estoy al otro lado si quieres comentar, discrepar o simplemente saludar.
Que nunca te falten ideas, ni ganas de probarlas.
A.
P.D. Si quieres aprender a utilizar la IA sin convertirte en su becario, te recomiendo Cointeligencia, de Ethan Mollick.
P.D.2: La inteligencia artificial parece invisible. Pero necesita centros de datos, minerales, energía, información y muchísimo trabajo humano. En Atlas de inteligencia artificial, Kate Crawford levanta la alfombra para enseñarnos todo lo que hay debajo.
P.D.3: El problema quizá no sea que utilices inteligencia artificial para escribir un correo. El problema puede ser quién controla una tecnología capaz de transformar empresas, gobiernos y sociedades enteras. De eso trata La ola que viene, de Mustafa Suleyman y Michael Bhaskar.
P.D.4: A veces, la mejor herramienta es el silencio. Hablamos mucho de aplicaciones para concentrarnos. Listas, temporizadores, bloqueadores y sistemas de productividad. Pero, a veces, lo único que necesitas es que el mundo baje el volumen. Los AirPods Pro 3 pueden convertirse en una pequeña burbuja de concentración para trabajar, viajar o escuchar tranquilamente un pódcast.
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