Lo que no nos gusta admitir sobre la innovación
¿Estamos persiguiendo sueños o ignorando soluciones?
Vivimos rodeados de promesas.
Promesas de coches voladores.
De energía limpia infinita.
De ciudades en Marte.
Incluso la vida eterna.
Promesas de que todo está a punto de cambiar, hoy no, mañana.
Y, sin embargo, los problemas más urgentes de la humanidad siguen esperando.
Hoy profundizaremos un principio incómodo de la innovació. La innovación no es magia.
Ni es inmediata.
Ni es lineal.
Ni siempre es a mejor.
“No es la falta de invención lo que frena el progreso, sino nuestra obsesión con lo nuevo.”
Tecnologías prometedoras vs. superiores
Uno de los errores más frecuentes en la historia de la innovación es confundir lo prometedor con lo realmente superior.
El ejemplo perfecto: los dirigibles.
Durante años se creyó que serían el futuro del transporte transatlántico. Cómodos, silenciosos, capaces de volar largas distancias. Y por un tiempo, funcionaron.
Hasta el gran accidente del LZ 129 Hindenburg el 6 de mayo de en 1937.
Fue el golpe de gracia para la industria del transporte aéreo.
Pero apareció una alternativa: los aviones a reacción.
Más rápidos. Más seguros. Más eficientes.
Y los dirigibles quedaron relegados al recuerdo.
No todas las ideas brillantes merecen llegar al futuro. Solo aquellas que realmente resuelven problemas mejor que las anteriores.
La energía nuclear: un “fracaso exitoso”
Pocas tecnologías han sido tan prometedoras y tan frustrantes al mismo tiempo como la energía nuclear.
En los años 70 se predecía que habría miles de reactores reemplazando a los combustibles fósiles.
¿La realidad?
Décadas de retrasos.
Costes desorbitados.
Desconfianza pública tras Chernobyl y Fukushima.
Programas de reactores que costaron más de 100.000 millones de dólares, para luego ser abandonados.
Y, aun así, hoy la energía nuclear sigue produciendo el 25% de la electricidad en 13 países ricos, sin emisiones de carbono.
No cumplió sus promesas. Pero cumple una función.
Un recordatorio de que el valor de una tecnología no siempre está en lo que promete, sino en lo que finalmente aporta.
Los sueños tecnológicos perpetuos
Algunas ideas nunca mueren.
Solo se reinventan.
Se venden de otra manera, se combinan, y se transforman en algo muy parecido.
Ya sabes, los chicos de marketing haciendo su trabajo.
El Hyperloop de Elon Musk no es nuevo. Ya se propuso un sistema de transporte en tubos al vacío en 1825.
La idea de fusionar átomos para obtener energía limpia se estudia desde los años 50 y siempre está “a 30 años” de lograrse.
Incluso los cereales que se fertilizan solos llevan en investigación más de un siglo.
Hay conceptos que habitan en la frontera entre la ciencia y la fe.
Avances que siempre parecen estar a la vuelta de la esquina pero que nunca llegan a doblarla.
La inflación de promesas
Vivimos inmersos en una burbuja narrativa.
Una en la que cada año escuchamos que la inteligencia artificial cambiará todo, que los coches autónomos dominarán las carreteras, o que los robots nos quitarán el trabajo.
Y sin embargo:
Seguimos sin coches autónomos realmente funcionales.
El uso masivo de la IA y la robótica sigue limitado por problemas éticos, técnicos y sociales.
Y de momento, nadie ha colonizado Marte.
No hay progreso sin historias. Pero hay historias que sobrevenden un progreso que no existe.
Moore’s Law vs. el resto del mundo
La Ley de Moore, ese principio que dice que la potencia de los chips se duplica cada dos años, nos ha hecho creer que todo avanza igual de rápido.
Pero es una excepción.
La densidad energética de las baterías mejora solo un 2% anual.
La eficiencia agrícola crece a un ritmo de 1% por año.
Y la eficiencia de generación eléctrica 1,5% anual en el último siglo.
No todas las industrias son Silicon Valley. Y esperar que lo sean es una forma peligrosa de autoengaño.
Implementación vs. invención
No necesitamos nuevas tecnologías para resolver muchos de los grandes problemas globales.
Lo que necesitamos es aplicar lo que ya tenemos.
Llevar electricidad a los mil millones de personas que aún no la tienen.
Implementar sistemas de saneamiento básicos.
Mejorar la educación sin depender de apps milagrosas.
Usar bien los antibióticos que ya existen.
Aplicar recetas ancestrales que funcionan como la dieta Mediterranea, y renunciar a las modas y propaganda de la industria, como es el “fast-food”.
Innovar no siempre es inventar. A veces es simplemente hacer que funcione para todos.
¿Progreso revolucionario o evolución práctica?
En lugar de obsesionarnos con la próxima gran revolución, podríamos aprender del progreso que sí ha funcionado: el que es gradual, sostenido, paciente.
Vamos el que suele funcionar en la mayoria de la ocasiones, el silencios, aditivo, capa por capa. Es que:
No promete titulares.
No genera inversión inmediata.
Pero sí transforma vidas.
La verdadera pregunta no es si deberíamos soñar. Sino si estamos dispuestos a trabajar con lo que ya tenemos mientras soñamos.
También déjame recordarte que si te gusta la tecnología, el podcast de Código Abierto puede ser una muy buena opción.
Food for thought
Vaclav Smil nos recuerda que la innovación no es una línea recta.
Todos estos aprendizajes son algunos de los que puedes extraer de la lectura de Invención e innovación: Breve historia de los éxitos y fracasos de la humanidad.
No es una película de ciencia ficción.
No es una serie de eureka tras eureka.
Es una caminata larga.
A veces frustrante.
Y muy a menudo silenciosa.
Pero si aprendemos a distinguir entre promesa y realidad, entre invención y aplicación, entre espectáculo y transformación. Podemos elegir mejor a qué futuro dirigir nuestros esfuerzos.
¿Qué opinas tú?
¿Estamos sobrevalorando la innovación futurista mientras ignoramos el poder de lo ya posible?
Respóndeme directamente a este correo. Me interesa tu punto de vista.
Y eso es todo por hoy. Si algo de lo que has leído te ha removido, dímelo.
Ya sabes que estoy al otro lado si quieres comentar, discrepar o simplemente saludar.
Que nunca te falten ideas, ni ganas de probarlas.
A.
Aquí te dejo unas lecturas para seguir tirando del hilo:
PD1: Regenesis: Feeding the World without Devouring the Planet de George Monbiot. Un examen profundo de cómo la innovación agrícola puede (y debe) reinventarse para ser verdaderamente sostenible, equilibrando sueño tecnológico y necesidades prácticas.
PD2: Para una mirada más crítica y con datos duros sobre el progreso real de la humanidad, lee Cómo Funciona el Mundo de Vaclav Smil.
PD3: ¿Te fascina el contraste entre el storytelling futurista y la realidad actual? Entonces no te pierdas To Save Everything, Click Here de Evgeny Morozov. Una crítica inteligente a la solución digital para todos los problemas.
PD4: Si alguna vez sentiste que “todo avanza, pero nada mejora”, te va a interesar The Slow Fix de Carl Honoré. Es un canto a las soluciones lentas, profundas y duraderas frente a las promesas rápidas y vacías.
PD5: Para una visión desde la ética y la filosofía de la tecnología, te recomiendo Technopoly de Neil Postman. Escrito hace décadas pero más actual que nunca.


