No compites contra otros.
Compites contra tu versión anterior.
Hay algo curioso en la primera vez que corres una maratón.
Al principio todo es euforia.
El ambiente.
La música.
La salida.
La gente animando.
La adrenalina.
Y entonces ocurre lo inevitable.
Miras a tu alrededor.
Y ves a otros que van más rápido.
Mucho más rápido.
Y sin darte cuenta, empiezas a correr su carrera.
No la tuya.
En ese momento, sin saberlo, acabas de cometer el error más común en la vida profesional.
La ilusión de los primeros kilómetros
Los primeros años de carrera son como los primeros diez kilómetros de una maratón.
Hay energía.
Hay ilusión.
Hay expectativas.
También hay ruido.
Promociones en LinkedIn.
Nuevos cargos.
Gente que “ya es manager” con 27.
Compañeros que parecen haber entendido algo que tú todavía no.
En esa fase, muchos creen que la carrera profesional es una competición contra los demás.
Quién asciende antes.
Quién gana más.
Quién entra en la empresa más prestigiosa.
Pero la maratón tiene una regla no escrita: si sales al ritmo de otro, pagas la factura después.
El kilómetro 30: el muro
En la maratón hay un punto crítico.
El famoso kilómetro 30.
Es ahí donde el cuerpo empieza a negociar contigo.
Donde la energía baja.
Donde las piernas pesan.
Donde aparece la pregunta:
“¿De verdad quiero seguir?”
En la carrera profesional, ese kilómetro 30 no suele ser un despido.
Ni una gran crisis.
Es algo mucho más silencioso.
Es la comparación constante.
El momento en que sientes que otros avanzan más rápido.
Que su carrera “despega”.
Que tú deberías estar en otro lugar.
Y empiezas a acelerar.
Sin saber a hacia donde correr.
No porque tu plan lo requiera.
Sino porque tu ego lo exige.
Ahí es donde muchos se lesionan profesionalmente.
Cambios precipitados.
Decisiones impulsivas.
Saltos sin aprendizaje consolidado.
Ansiedad permanente.
Compararte con otros es empezar a correr una carrera que no es la tuya.
El obstáculo es el camino
En El Obstáculo es el Camino, Ryan Holiday recupera una idea central del estoicismo:
Percepción.
Acción.
Voluntad.
Cuando aparece un obstáculo, no es el evento lo que define el resultado.
Es cómo lo percibes.
Si ves que otros “van más rápido” y lo interpretas como amenaza, actuarás desde el miedo.
Si lo ves como información, actuarás desde el criterio.
Los estoicos —Marco Aurelio, Epicteto, Séneca— insistían en una distinción brutalmente simple:
¿Qué está bajo tu control?
No puedes controlar el ritmo de otros corredores.
No puedes controlar sus circunstancias.
No puedes controlar su talento.
Pero sí puedes controlar:
Tu entrenamiento.
Tu disciplina.
Tu consistencia.
Tu aprendizaje.
En una maratón y en la carrera profesional, eso lo cambia todo.
La disciplina silenciosa pesa más que el talento visible
Uno de los ejemplos que recoge Holiday es el de Demóstenes.
Quien fue despojado de su herencia por sus tutores.
Era una persona enfermiza y frágil, con problemas para hablar.
Sin ventaja aparente.
Recitaba discursos con piedras en la boca para entrenar su dicción.
Se encerraba a estudiar derecho para recuperar su herencia.
No compitió contra los grandes oradores.
Compitió contra su versión anterior.
Gracias a su persistencia, Demóstenes no sólo se convirtió en el orador más famoso de Atenas, sino que también ganó el juicio contra sus ex tutores.
Lo mismo pasó con Thomas Edison.
6.000 prototipos, una sola bombilla.
No era brillantez espontánea.
Era repetición disciplinada.
En el mundo profesional ocurre igual.
El talento visible impresiona.
La disciplina silenciosa construye.
Y lo que construye gana a largo plazo.
Pero la disciplina es aburrida.
No genera titulares.
No se celebra en redes.
Es invisible.
Hasta que deja de serlo.
El error de correr la carrera equivocada
Cuando te comparas constantemente, pasan dos cosas:
Pierdes foco.
Pierdes proceso.
Nick Saban, entrenador de fútbol americano, tiene una obsesión: el proceso.
No habla de campeonatos.
Habla de ejecutar la siguiente jugada.
En maratón no piensas en el kilómetro 42.
Piensas en el siguiente paso.
En carrera profesional, el proceso es:
Aprender.
Entender tu industria.
Mejorar tu criterio.
Resolver problemas mejor que ayer.
Si cada decisión está guiada por “cómo voy respecto a otros”, pierdes profundidad.
Y sin profundidad, no hay excelencia.
El incendio de Edison y la perspectiva
Hay otro ejemplo poderoso en el libro, El Obstáculo es el Camino.
Cuando el laboratorio de Edison se incendió y perdió millones, dijo algo sorprendente:
“Se ha ido mucha basura.”
No pudo controlar el incendio.
Pero sí pudo controlar la narrativa.
Eso es voluntad.
En tu carrera profesional habrá incendios pequeños:
Un proyecto que fracasa.
Un ascenso que no llega.
Un cambio que no funciona.
Si lo interpretas como el final, se convertirá en el final.
Si lo interpretas como parte del entrenamiento, se convierte en una ventaja.
“Los tiempos difíciles crean hombres fuertes; los hombres fuertes crean tiempos fáciles; los tiempos fáciles crean hombres débiles; y los hombres débiles crean tiempos difíciles.” - G. Michael Hopf.
El verdadero rival
En una maratón real, el reloj no miente.
Compites contra el cronómetro.
Pero sobre todo, contra tu marca anterior.
En la carrera profesional ocurre lo mismo.
La única comparación útil es esta:
¿Eres mejor que hace un año?
¿Tienes más criterio?
¿Más profundidad?
¿Más resiliencia?
¿Más capacidad de decisión?
Si la respuesta es sí, estás ganando.
Aunque nadie lo esté celebrando.
El problema es que hoy, damos medallas a los finishers, no solo a los ganadores.
Una advertencia incómoda
Cambiar de trabajo no siempre es valentía.
A veces es huida.
Acelerar no siempre es ambición.
A veces es inseguridad.
Buscar visibilidad no siempre es estrategia.
A veces es ansiedad.
Y compararte constantemente con otros es una forma sofisticada de desconfiar de tu propio ritmo.
La carrera profesional es larga.
Muy larga.
Y si quemas energía en competir con otros, cuando llegue tu verdadero kilómetro 30, no tendrás reservas.
Percepción, acción y voluntad
Si estás empezando tu carrera profesional, esto es lo esencial:
Percepción: No interpretes el éxito de otros como tu fracaso.
Acción: Entrena habilidades que duren más que para un puesto concreto.
Voluntad: Acepta que habrá momentos de duda. No los dramatices. Atraviésalos.
No compites contra tu compañero.
Compites contra tu versión anterior.
Y esa es una carrera que sí puedes ganar.
La meta no es el objetivo
En una maratón, cruzar la meta es emocionante.
Pero algo curioso ocurre después.
Al día siguiente, vuelves a entrenar.
Porque la carrera no era el objetivo final.
Era el proceso que te transformó.
En la vida profesional ocurre lo mismo.
No hay una meta definitiva.
Hay ciclos.
Lo único que permanece es tu capacidad de seguir corriendo.
A tu ritmo.
Con disciplina.
Con criterio.
Sin dejar que el ruido marque tu paso.
También déjame recordarte que si te gusta la tecnología, el podcast de Código Abierto puede ser una muy buena opción.
Food for thought
Tal vez alguien a tu lado vaya más rápido hoy.
Tal vez incluso mucho más rápido.
Pero la pregunta que importa no es esa.
La verdadera pregunta es: ¿estás corriendo tu propia carrera?
Y si dentro de un año miras atrás, ¿te reconocerás como una versión mejorada de ti mismo?
Si la respuesta es sí, sigue.
Aunque nadie esté mirando.
Aunque nadie esté aplaudiendo.
Porque en las carreras largas, los que llegan lejos no son los que salen más rápido.
Son los que aprenden a sostener el ritmo.
Y ese ritmo lo decides tú.
Y eso es todo por hoy. Si algo de lo que has leído te ha removido, dímelo.
Ya sabes que estoy al otro lado si quieres comentar, discrepar o simplemente saludar.
Que nunca te falten ideas, ni ganas de probarlas.
A.
PD: Si el texto de hoy te ha removido, te dejo unas lecturas que profundiza en la idea de que el obstáculo no es una interrupción, sino parte del proceso.
Open de Andre Agassi. Desde el ángulo deportivo, este es uno de los relatos más potentes sobre competir contra uno mismo. No es solo una autobiografía. Es una confesión brutal sobre presión, identidad, expectativas externas y reconstrucción personal. Aprendes que incluso los que “van más rápido” están luchando con sus propios kilómetros 30.
No Me Puedes Lastimar de David Goggins. Este libro es perfecto si prefieres una historia de resiliencia extrema. Más radical. Más incómodo. Pero profundamente honesto sobre lo que significa entrenar la mente cuando el cuerpo quiere rendirse. No es para todos. Pero deja huella.
Meditaciones de Marco Aurelio. Un clásico entre los clásicos, con una perspectiva más filosófica y atemporal. Un emperador romano escribiendo para sí mismo sobre disciplina, ego y mortalidad. Dos mil años después, sigue siendo sorprendentemente actual. Porque el rival siempre ha sido el mismo: uno mismo.


