No inviertas en IA. Invierte en quien sabe qué hacer con ella.
Diario de Innovación #381
No inviertas en IA. Invierte en quien sabe qué hacer con ella.
Esa podría ser la lectura más interesante del último texto de a16z sobre late-stage venture.
A primera vista parece un artículo sobre capital riesgo. En realidad, es otra cosa. Es una defensa bastante elegante del fundador como activo financiero.
No de la empresa.
No del producto.
No del mercado.
Del fundador.
La tesis es sencilla: cuando una compañía ya ha crecido mucho, el valor no está solo en que tenga ingresos, clientes o una marca conocida. El valor está en que todavía haya una persona al volante capaz de tomar decisiones difíciles, asignar capital con agresividad y cambiar el rumbo cuando la tecnología cambia.
Y aquí es donde el artículo encaja demasiado bien con el momento actual de la inteligencia artificial. Porque ahora mismo hay muchísimo dinero persiguiendo IA.
Modelos fundacionales, chips, data centers,…
Todo suena importante.
Todo parece inevitable.
Todo tiene una slide con una curva exponencial.
Pero la pregunta incómoda no es si la IA va a ser grande.
La pregunta incómoda es quién sabe convertir esa ola en una empresa duradera.
Porque una cosa es estar montado en la ola. Otra cosa es entender la ola. Y otra muy distinta es saber cambiar de tabla, de playa y de océano cuando haga falta.
Ahí es donde aparece el fundador.
El artículo de a16z viene a decir que el gran fundador no es solo quien tiene una buena idea al principio. Es quien sigue reasignando capital, talento, producto y energía cuando la empresa ya no es una startup pequeña, sino una organización enorme metida en un mercado que cambia cada seis meses.
Y en IA eso es especialmente relevante.
Porque incluso las compañías grandes siguen estando en fase de descubrimiento, inclusive el propio Sam Altman o el igualmente querido y odiado, Dario Amodei.
Todavía no sabemos qué parte del valor se quedará en los modelos.
Qué parte capturará la infraestructura.
Qué parte acabará en las aplicaciones.
Qué productos serán commodities.
Qué empresas tendrán moat real.
Qué costes de inferencia caerán.
Qué regulación cambiará el tablero.
Qué workflows serán automatizados.
Qué modelos open source erosionarán negocios que hoy parecen imbatibles.
En un contexto así, un CEO profesional puede optimizar. Pero un fundador excepcional puede redefinir la compañía.
En eso estamos todavía en el hype de la IA. Al contrario de lo que paso en la era de la web, como muestra un botón, y la llegada de Eric Schmidt a Google.
De momento, en el hype de la IA, el fundador puede cerrar un producto aunque esté creciendo.
Puede abrir una API antes de que el mercado la entienda.
Puede apostar por enterprise cuando todos miran al consumidor.
Puede construir infraestructura propia cuando parece una locura.
Puede comprar una compañía antes de que el resto vea el hueco.
Puede cambiar de arquitectura.
Puede decir no.
Y a veces ese “no” vale más que todo el plan estratégico.
Esta es la parte buena del argumento. La parte menos cómoda es que también es una narrativa muy conveniente.
Porque a16z no escribe esto desde su torre de la academia.
Lo escribe desde la posición de un gran fondo que acaba de levantar una cantidad gigantesca de dinero para seguir invirtiendo en tecnología, growth e infraestructura.
Así que el mensaje tiene una doble lectura.
Una, intelectual: en mercados tecnológicos muy cambiantes, el fundador excepcional puede ser más importante que la categoría.
Otra, financiera:no estamos pagando múltiplos absurdos; estamos comprando exposición a fundadores excepcionales en mercados enormes.
Y claro, eso suena mucho mejor.
No es burbuja.
Es visión.
No es FOMO.
Es convicción.
No es pagar caro.
Es entrar en el coche correcto con el conductor correcto.
El problema es que Silicon Valley siempre ha sido muy bueno convirtiendo narrativas en múltiplos. Y la IA es el envoltorio perfecto.
Porque casi cualquier cosa puede presentarse como una oportunidad infinita.
Una app con una API por debajo.
Una funcionalidad convertida en compañía.
Una demo convertida en categoría.
Una promesa de automatización convertida en valoración.
Un fundador con buena narrativa convertido en genio inevitable.
Y aquí está el peligro.
No todos los fundadores son los Collison. No todas las empresas son Stripe. No todas las compañías de IA van a capturar valor duradero.
Muchas dependerán de modelos de terceros.
Muchas tendrán costes de infraestructura brutales.
Muchas no tendrán defensibilidad.
Muchas descubrirán que su producto era una feature.
Muchas crecerán mucho durante dos años y luego se encontrarán con que el margen, el moat y la distribución no estaban donde decía la presentación.
Por eso, quizá la pregunta buena no sea: “¿Está en IA?”
Eso ya lo pone todo el mundo.
La pregunta buena es: “¿Tiene este fundador una capacidad superior para tomar decisiones no obvias cuando el mapa cambia?”
Ahí está el matiz, el que lo cambia todo.
Porque la IA no elimina la importancia del criterio humano. La aumenta.
Cuanto más potente es la tecnología, más importante es decidir dónde aplicarla, cuándo ignorarla, qué construir encima, qué no construir, qué comprar, qué abandonar y qué esperar.
La tecnología abre el campo de juego.
Pero alguien tiene que jugar.
Y no todos saben hacerlo.
Mi lectura final es esta, el artículo de a16z no va solo de late-stage venture. Va de la nueva religión del capital tecnológico en tiempos de IA.
La creencia de que, en un mundo que cambia demasiado rápido para ser modelado con hojas Excel, el mejor activo no es una categoría, sino una persona capaz de decidir mejor que los demás durante más tiempo.
Puede que sea verdad. Puede que sea una forma muy sofisticada de justificar valoraciones desorbitadas.
Probablemente sea las dos cosas a la vez.
Y por eso conviene leerlo con interés.
Pero también con una ceja levantada.
Porque en plena fiebre de la IA, el fundador excepcional será una ventaja brutal.
Pero el fundador excepcional contado por un fondo con mucho dinero que desplegar también puede ser el comienzo de una burbuja muy bien narrada.
🌍 El eco del mercado
🧠 Claude quiere sentarse en todas las reuniones. Anthropic lanza Claude Tag, un compañero persistente dentro de Slack que aprende del contexto de la empresa y permite delegarle tareas desde el propio flujo de trabajo. No es solo otro bot corporativo: es una forma de convertir la conversación interna en capa operativa.
Lectura estratégica: la guerra enterprise no va solo de tener el mejor modelo, sino de capturar memoria organizativa, contexto y workflows antes que el resto.
📉 El mercado empieza a pedir facturas al boom de la IA. Las acciones tecnológicas caen por dudas sobre la sostenibilidad del gasto en IA. Después de meses de entusiasmo, empieza la pregunta incómoda: cuánto cuesta esta carrera y cuándo se traduce en retornos reales.
⚡ Tu casa también quiere alimentar la IA. Tesla, Sunrun y Renew Home exploran usar paneles solares, baterías, termostatos y dispositivos domésticos para responder a la demanda energética de la IA. La casa conectada deja de ser solo comodidad y empieza a parecer infraestructura distribuida.
🪙 La vieja minería cripto encuentra una segunda vida en la IA. AiOnX invierte 500 millones de dólares para convertir antiguos sitios de criptominería en instalaciones cloud para IA. Donde antes se minaban tokens, ahora se quiere vender compute a hyperscalers.
🧬 La fiebre de la IA llega hasta la memoria vieja. La demanda de memoria para servidores de IA está desplazando producción hacia chips más rentables. La presión empezó en HBM y DDR5, bajó a DDR4 y ya afecta a DDR3 y DDR2, usadas todavía en fábricas, coches y routers.
🇨🇳 China Telecom compra soberanía tecnológica por servidores. China Telecom adjudica un gran programa de servidores de alto rendimiento para 2026 y 2027, con fuerte presencia de proveedores domésticos como Huawei. Es otro paso en la sustitución de hardware estadounidense por tecnología local.
🧱 ASML recuerda a China que no todo se escala con voluntad política. El debate sobre supuestos envíos de EUV de ASML a China parece absurdo, pero expone una realidad dura: sin EUV y con el acceso a DUV cada vez más restringido, hay límites físicos a lo que China puede avanzar con maquinaria heredada.
🤖 Alibaba quiere sacar los agentes de la pantalla. Alibaba presenta modelos de IA para robots y apunta a la carrera por llevar los agentes al mundo físico. La competición ya no va solo de responder mejor en un chat, sino de actuar en fábricas, almacenes, logística y movilidad.
💸 Alibaba vuelve a baja precios: la guerra del coding agent también será de márgenes. Alibaba recorta hasta un 80% el precio de sus modelos Qwen en Qoder, su plataforma de coding agent, para atraer desarrolladores internacionales. La carrera por el uso global se está volviendo agresiva.
🛡️ El tráfico invisible de agentes ya es un problema de seguridad. Los agentes de IA empiezan a representar una parte persistente del tráfico que llega a las webs corporativas. El problema: muchas empresas siguen confiando en que un agente es legítimo solo porque dice serlo.
🔑 Las API keys de LLMs se están quedando dentro de las apps. Un análisis muestra cómo pueden filtrarse claves API de plataformas como OpenAI, Anthropic o Gemini desde apps móviles de iPhone y Android. La integración rápida de LLMs está dejando credenciales expuestas donde no deberían estar.
🔐 La Casa Blanca acelera el reloj post-cuántico. EE. UU. acorta drásticamente los plazos para abandonar criptografía vulnerable a la computación cuántica. El mensaje es directo: el riesgo ya se trata como cuestión de seguridad nacional.
⚖️ Workday lleva el sesgo algorítmico otra vez al juzgado. Workday se enfrenta a una demanda en California por presunto sesgo en su software de selección laboral con IA. El demandante acusa al sistema de bloquearle en más de 100 procesos antes de que los empleadores llegaran a evaluarle.
🎲 Meta quiere convertir la predicción en otra red social. Meta trabaja en Arena, una app de mercados de predicción independiente de Facebook e Instagram. No habría dinero real, pero sí puntos para apostar por eventos y competir por atención con Polymarket y Kalshi.
Déjame recordarte que si te gusta la tecnología, el podcast de Código Abierto también puede ser una buena opción.
Si algo de lo que has leído te ha removido, dímelo.
Ya sabes que estoy al otro lado si quieres comentar, discrepar o simplemente saludar.
Que nunca te falten ideas, ni ganas de probarlas.
A.
Aquí tienes las dos PD listas para pegar.
PD1. Si te interesa este cruce entre capital, fundadores, tecnología y decisiones difíciles, hay varios libros que encajan muy bien con la edición de hoy:
The Power Law, de Sebastian Mallaby, para entender cómo funciona de verdad el venture capital y por qué unas pocas apuestas explican casi todo el retorno.
Venture Deals (aquí la version en castellano), de Brad Feld y Jason Mendelson, si quieres bajar del relato épico a la mecánica real de las rondas, términos, inversores y poder.
Los Fundadores, de Jimmy Soni, sobre PayPal y esa extraña concentración de talento, ambición y ego que luego marcó buena parte de Silicon Valley.
The Hard Thing About Hard Things, de Ben Horowitz, porque una cosa es hablar de founder mode desde fuera y otra muy distinta es tener que despedir, pivotar, resistir y decidir cuando todo arde.
Thinking in Bets, de Annie Duke, para recordar que muchas decisiones estratégicas no se toman con certezas, sino con probabilidades, información incompleta y bastante ruido.
Y si quieres el lado más oscuro del fundador como mito, Super Pumped, de Mike Isaac, sobre Uber, Travis Kalanick y lo que pasa cuando confundimos velocidad, agresividad y genialidad.
PD2. Y si lo que quieres no son libros, sino objetos para sentirte un poco más founder/inversor en fase late-stage —sin necesidad de levantar 15.000 millones de dólares—, aquí van algunas ideas de afiliación:
Un buen cuaderno Moleskine para apuntar esas decisiones “no obvias” que luego igual eran geniales… o igual solo eran lunes.
Un Logitech MX Master 3S, porque si vas a asignar capital imaginario en varias pestañas a la vez, al menos que el ratón no sea el cuello de botella.
Una BenQ ScreenBar para iluminar el escritorio con ese aire de “estoy leyendo un memo confidencial de a16z”, aunque en realidad estés revisando LinkedIn.
Una grabadora Plaud Note con IA, para capturar reuniones, ideas, conversaciones y esos momentos en los que alguien dice algo brillante justo antes de que se te olvide.
Y una batería Anker potente, porque incluso los visionarios necesitan cargar el portátil antes de explicar por qué esta vez no es una burbuja, sino una nueva categoría.


