No quiero producir recuerdos. Quiero vivirlos.
Diario de Innovación #407
Hace unos días me descubrí haciendo algo bastante absurdo.
Estaba pensando cómo aprovechar mejor las vacaciones.
Qué libros leer.
Qué papers recuperar.
Qué podcasts escuchar.
Qué proyectos avanzar.
Qué habilidades aprender.
Incluso pensé en cómo mantener el ritmo del Diario de Innovación para volver en septiembre “con ventaja”.
Y entonces me di cuenta de que estaba intentando optimizar… las vacaciones.
Creo que muchos hacemos exactamente lo mismo.
Vivimos en una época donde incluso el descanso parece tener que justificar su existencia.
Dormimos para rendir más.
Entrenamos para vivir más años.
Leemos para aprender.
Usamos IA para ahorrar tiempo.
Hasta las vacaciones parecen diseñadas para volver siendo una versión mejorada de nosotros mismos.
Hace unos días leí un artículo cuya tesis me dejó dándole vueltas durante horas.
Vivimos rodeados de más tecnología, más comodidad y más posibilidades que nunca.
Sin embargo, disfrutamos menos.
No porque tengamos menos motivos para hacerlo.
Sino porque hemos dejado de experimentar las cosas como un fin en sí mismas.
Todo tiene que servir para otra cosa.
El placer se ha convertido en una herramienta de productividad.
La vida, poco a poco, en una enorme hoja de cálculo.
Y cuanto más pensaba en ello, más me veía reflejado.
Llevo un año escribiendo prácticamente todos los días sobre inteligencia artificial.
Sobre agentes.
Sobre automatización.
Sobre productividad.
Sobre cómo hacer más con menos.
Y quizá la mayor lección que me llevo de este año sea precisamente la contraria.
La tecnología debería devolvernos tiempo.
No ocupar también ese tiempo.
Porque si utilizamos cada minuto que ganamos para producir todavía más…
…en realidad no hemos ganado nada.
Reconozco que algunas mañanas no escribía porque tuviera algo importante que contar.
Escribía porque tocaba.
Porque había una edición pendiente.
Porque la disciplina es una virtud.
Y lo sigue siendo.
Pero también puede convertirse en una cárcel muy elegante.
El problema nunca ha sido la disciplina.
El problema aparece cuando dejamos de distinguir entre crear por ilusión y producir por inercia.
Curiosamente, muchas de las ideas que hemos compartido este año apuntaban exactamente en esa dirección.
Hablamos de la deuda cognitiva y de cómo la IA puede hacernos perder comprensión si dejamos de pensar.
Reflexionamos sobre el fin del contrato social de Internet y sobre cómo la optimización de la atención estaba cambiando la propia naturaleza de la web.
Comentamos el riesgo de que los grandes modelos terminen convergiendo hacia un pensamiento promedio.
Nos preguntamos qué ocurrirá cuando la inteligencia artificial sea una infraestructura tan invisible como la electricidad.
En el fondo, ninguna de esas ediciones hablaba realmente de inteligencia artificial.
Hablaban de algo mucho más importante.
De cómo queremos pensar.
De cómo queremos vivir.
Dentro de unos días empezaré las vacaciones.
Y este año quiero hacer un pequeño experimento.
No optimizar cada momento.
No pensar continuamente en septiembre.
No convertir cada paseo en una idea para un artículo.
No leer con el objetivo de escribir.
No hacer fotografías pensando en compartirlas.
No medir si estoy aprovechando el tiempo.
Simplemente estar.
Con mi familia.
Con mis amigos.
Con los compañeros de viaje.
Porque muchas veces el mejor recuerdo de unas vacaciones no es el destino.
Es la conversación que surgió sin planificar.
La sobremesa que se alargó dos horas.
Las risas en un coche.
El silencio viendo atardecer.
Los kilómetros compartidos.
Las personas.
Walter Pater escribió hace más de un siglo una frase que quizá resume mejor que nadie todo esto.
La vida no consiste en durar más, sino en sentir más intensamente.
Quizá también deberíamos aplicarla a la inteligencia artificial.
No utilizarla únicamente para vivir más deprisa.
Sino para recuperar aquello que nunca deberíamos haber perdido.
La capacidad de prestar toda nuestra atención al momento y a las personas con las que lo compartimos.
Porque los recuerdos más importantes nunca fueron los que mejor documentamos.
Fueron los que apenas recordamos fotografiar.
🌍 El Eco del Mercado
🔐 Anthropic convierte la búsqueda de fallos criptográficos en una capacidad de IA. Mythos encontró debilidades inéditas en algoritmos criptográficos estudiados durante años. El resultado muestra que la IA ya puede ampliar el trabajo de equipos especializados en seguridad.
🧯 Anthropic encuentra vulnerabilidades más rápido de lo que Microsoft puede cerrarlas. Los sistemas de Anthropic están acelerando la detección de fallos mientras Microsoft intenta publicar parches antes de que los atacantes los exploten.
🇺🇸 Estados Unidos cierra su mercado a robots e inversores solares extranjeros. La FCC ha incluido humanoides, perros robóticos, máquinas móviles conectadas e inversores solares extranjeros en su lista de equipos restringidos. La medida afecta especialmente a fabricantes chinos.
🤖 Y este veto amenaza con frenar a la robótica china y a sus compradores. La prohibición alcanza incluso a los aspiradores inteligentes, un mercado dominado por empresas chinas. La amplitud de la definición puede reducir la oferta sin resolver necesariamente el riesgo de seguridad.
🔌 La electricidad se convierte en la verdadera barrera de entrada de la IA. La disponibilidad de potencia eléctrica está condicionando dónde pueden construirse y ampliarse los centros de datos.
⚡ Mientras tanto, China lleva los centros de datos hacia donde sobra la electricidad. China está conectando directamente plantas solares y eólicas del oeste con grandes complejos de centros de datos. El objetivo es transformar energía abundante y barata en capacidad de IA.
💡 La fotónica de silicio busca evitar que la red frene a los centros de datos. La fotónica de silicio promete conexiones más rápidas y eficientes para infraestructuras sometidas a cargas crecientes de IA.
📉 La factura de la IA obliga a Microsoft y Meta a demostrar retornos distintos, el meracado está roto y los inversores algo perdidos. Microsoft elevó su beneficio un 31% mientras aumentaba la inversión en IA. Meta sufrió una caída del 14% en beneficios y perdió casi 8.000 millones de dólares de flujo de caja libre interanual.
♟️ El matrimonio Microsoft/Open AI se rompió hace meses, ahora empiezan a verse las consecuencias. Microsoft presentó modelos propios, herramientas para agentes y un competidor de Mythos mientras refuerza su capacidad para trabajar con varios laboratorios.
💰 La inversión de Microsoft en Anthropic ya aporta retornos a la cuenta de resultados. Microsoft registró 3.200 millones de dólares asociados a su inversión en Anthropic, mientras que la relación financiera con OpenAI ofreció un resultado más irregular.
🧩 En paralelo, Microsoft quiere reunir toda su IA en una única superaplicación. La compañía combinará conversación, programación y agentes de Copilot en una aplicación destinada tanto al mercado de consumo como al empresarial.
📱 OpenAI prepara una familia de dispositivos para sacar la IA del navegador. Greg Brockman confirmó que OpenAI trabaja en varios dispositivos destinados a interactuar con sus modelos, aunque no concretó formatos ni fechas.
🧠 Meta quiere ser el próximo Microsoft, quiere a vender infraestructura y software de IA a otras empresas. Zuckerberg identifica una oportunidad empresarial que incluye agentes, API, capacidad de cómputo y software interno. Ya no habla solo de comercializar su nube para terceros.
🔓 Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, Zuckerberg convierte la apertura de la IA en un arma contra OpenAI y Anthropic. El responsable de Meta acusa a sus competidores de concentrar demasiado poder y defiende un ecosistema más abierto.
🇨🇳 ByteDance convierte la IA empresarial en un negocio de 4.000 millones. ByteDance proyecta unos ingresos anualizados de 4.000 millones de dólares en IA y está reorganizando Lark para reforzar su oferta a empresas.
🏭 Bright Machines lleva a los operarios dentro de la célula robótica. La nueva célula híbrida permite que trabajadores y robots compartan un entorno industrial supervisado por sensores, con el objetivo de mejorar la calidad de los datos de producción.
🖼️ SynthID resiste los ataques técnicos, pero no resuelve la desinformación. La marca de agua de Google resulta difícil de eliminar, aunque su eficacia depende de que plataformas y usuarios comprueben su existencia.
Déjame recordarte que si te gusta la tecnología, el podcast de Código Abierto también puede ser una buena opción.
Si algo de lo que has leído te ha removido, dímelo.
Ya sabes que estoy al otro lado si quieres comentar, discrepar o simplemente saludar.
Que nunca te falten ideas, ni ganas de probarlas.
A.
PD1. Si este verano solo pudieras leer un libro, no elegiría necesariamente uno sobre inteligencia artificial. Elegiría uno que te haga mirar el mundo con otros ojos. El retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde), Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta (Robert M. Pirsig) o Walden (Henry David Thoreau) son magníficos compañeros para desacelerar el pensamiento.
PD2. Mi único reto para estas vacaciones no tiene nada que ver con la productividad. Quiero dejar el móvil boca abajo durante las comidas, pasear sin auriculares y olvidarme de convertir cada experiencia en contenido. Si en septiembre vuelvo con menos fotos, menos notas y mejores recuerdos, habrá sido un gran verano.
PD3. Gracias por formar parte de este proyecto, sin vosotros no tendría tanto sentido.
Muchas gracias por acompañarme durante toda esta temporada.
Por leer cada mañana.
Por responder.
Por discrepar.
Por recomendar artículos.
Por enriquecer cada conversación.
El Diario de Innovación nunca ha sido una colección de noticias. Ha sido una excusa para pensar juntos sobre el mundo que estamos construyendo.
Ahora toca cerrar el portátil durante unas semanas.
Volver a ser un poco menos algoritmo y un poco más persona.
Nos volveremos a encontrar en septiembre.
Con nuevas ideas.
Con nuevas preguntas.
Y, espero, con la sensación de haber disfrutado un poco más del viaje.
Porque al final, de eso iba todo esto.
No de la inteligencia artificial.
Ni siquiera de la innovación.
Sino de aprender juntos a vivir un poco mejor en un mundo que cambia demasiado deprisa.


