Productividad, tiempo y el peligro de convertirnos en máquinas
Diario de Innovación #290
Empecé con los sistemas de productividad personal hace más de 16 años. No por ambición profesional. Ni por moda.
Llegué por necesidad.
Fue poco antes de que naciera mi hija. De repente, algo se hizo evidente: mi vida y mi tiempo iban a cambiar para siempre.
Hasta entonces, el tiempo era elástico.
Después, empezó a ser finito. Y valioso. Mucho más valioso.
Ahí fue cuando empecé a leer, probar y descartar métodos. Agendas, listas, tarjetas, reglas personales. No para “hacer más cosas”, sino para no perderme lo importante en el ruido de lo urgente.
Por eso, cuando leo la guía de productividad de Marc Andreessen, hay muchas cosas que me resuenan profundamente.
Coincido con él en varias ideas clave:
No todo debería estar en una agenda cerrada.
El foco importa más que el volumen.
Decir que no es una habilidad estratégica.
La energía mental es un recurso escaso.
No todo merece una respuesta inmediata.
Todo eso lo aprendí a base de prueba, error… y cansancio acumulado.
Pero también creo que estas recetas no aplican igual para todo el mundo.
Y, sobre todo, que llevarlas al extremo tiene efectos secundarios.
Ser ultraestricto con el email.
No coger nunca el teléfono.
Blindar tu tiempo como si fuera una fortaleza medieval.
Funciona.
Hasta que deja de hacerlo.
Porque no trabajamos en el vacío.
Trabajamos con personas.
Y cuando conviertes la productividad en una ideología, algo se rompe por el camino: la relación con otros y la percepción que tienen de ti.
A veces te vuelves eficiente… pero distante.
Brillante… pero inaccesible.
Productivo… pero difícil.
La productividad importa. Mucho.
Especialmente cuando tu vida se llena de responsabilidades, personas que dependen de ti y decisiones que pesan.
Pero ser buena persona también importa.
Importa escuchar.
Importa estar disponible de vez en cuando.
Importa responder una llamada incómoda.
Importa ceder foco cuando el contexto lo pide.
No somos máquinas optimizadas para alcanzar nuestro máximo rendimiento.
Ni deberíamos aspirar a serlo.
Para eso ya tenemos a Chaty.
La verdadera productividad —la que merece la pena— no es la que maximiza tareas, sino la que te permite estar presente donde importa, sin quemarte por el camino ni arrasar con los demás.
Sistemas, sí.
Reglas, también.
Pero con criterio, contexto… y humanidad.
Porque al final, lo que de verdad cuenta no es cuánto haces, sino cómo vives mientras lo haces.
🌍 El eco del mercado
🔌 La IA no se entrena: se paga. La carrera por la IA se convierte en una factura energética y de capital sin precedentes.
🥊 OpenAI vs Anthropic: del benchmark al relato. Ya no compiten solo modelos. Compiten por definir qué es “buena IA” y quién manda. La polémica del anuncio de la SuerBowl es solo el principio.
🎥 El vídeo IA no hace ruido, pero lo cambia todo. Sin hype, sin épica: la automatización audiovisual se normaliza y se cuela en todas partes. La última polémica por la portada de Vogue y la foto de los seis dedos de Ariana Grande, normaliza esta situación. Al igual que asumimos los retoques de PhotoShop con la IA pasará los mismo.
📲 Android quiere dejar de compartir “a la antigua”. Google apunta al gesto más cotidiano del ecosistema Apple: pasar archivos sin pensar.
🎧 Spotify arregla la IA empezando por lo pequeño. No es más inteligencia: es entender mejor qué demonios quiere el usuario.
📉 AMD crece mientras el PC se enfría: +34% en ingresos y 5.400 M$ ya vienen del data center. Menos ordenadores, más centros de datos y gaming premium. Cambio de era asumido.
🌍 Primero simulamos el mundo, luego lo usamos. Los coches autónomos aprenden en universos que no existen… todavía.
🗺️ La CIA cierra el atlas (The World Factbook). Uno de los mapas mentales del siglo XX deja de actualizarse sin demasiado ruido.
₿ Bitcoin ni con Trump se salva. El mercado vuelve a enfriarse y el “invierno cripto” reaparece en el horizonte.
🐧 Linux sigue siendo la puerta de entrada real. Mientras otros venden magia, el open source sigue enseñando cómo funciona todo.
🧪 Meta separa la IA del resto del feed. Cuando el contenido sintético ya no cabe mezclado con lo humano.
🏗️ La IA no falla: falla el sistema. Cuando se va el ruido, quedan arquitectura, energía, datos y gobierno. Lo de siempre.
Déjame recordarte que si te gusta la tecnología, el podcast de Código Abierto también puede ser una buena opción.
Si algo de lo que has leído te ha removido, dímelo.
Ya sabes que estoy al otro lado si quieres comentar, discrepar o simplemente saludar.
Que nunca te falten ideas, ni ganas de probarlas.
A.
Si te interesa profundizar en la productividad sin perder lo humano, aquí te dejo una serie de libros que pueden ayudar:
PD1: Esencialismo de Greg McKeown. No va de hacer más, sino de elegir mejor. El libro perfecto para aprender a decir “no” sin convertirte en alguien imposible de tratar.
PD2: Cuatro Mil Semanas de Oliver Burkeman. Un recordatorio incómodo y necesario: tu tiempo es finito. Y aceptar eso —de verdad— cambia cómo trabajas y cómo vives.
PD3: Céntrate de Cal Newport. Foco radical, sí. Pero con una reflexión honesta sobre los costes sociales y personales de vivir siempre “en modo productividad”.
PD4: Getting Things Done de David Allen. El clásico, fue el primer libro de productividad que cayó en mis manos y devoré en menos de una semana. No como dogma, sino como sistema para sacar ruido de la cabeza y recuperar calma mental.
PD5: Make Time de Jake Knapp y John Zeratsky. Diseñar tus días alrededor de lo que importa ahora, no de lo que grita más fuerte. Muy práctico y sorprendentemente humano.
PD6: Lo Único de Gary Keller y Jay Papasan. Simplificar no es pereza. Es respeto por tu energía y por la de los demás.
PD7: Crea tu sistema personal (no sigas un libro). A mí me funciona tener pocas reglas claras y margen para improvisar. Agenda ligera, prioridades explícitas, y permiso para romper tu propio sistema cuando la vida lo exige.


